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domingo, 17 de abril de 2011

El día más frío de mi vida


Me besaste y en ese instante pude saborear los segundos más amargos de toda mi vida. Supe que aquella vez era distinto. Supe que aquel no era un beso como los del principio, llenos de dulzura y de pasión; pero tampoco como los últimos que me dabas, ausentes de magia y esperanza.

Me besaste y en ese instante todo se congeló: el tiempo, tu mirada, mis labios, tu mano izquierda en mi cintura, mi piel, tu mano derecha en mi cuello, mi corazón, tu boca... Y todo pareció de manera surrealista una de esas típicas escenas de película en que todo se vuelve entre azul y gris y no queda nada más que un instante congelado en el tiempo.

Me besaste y antes de marcharte apoyaste tu cabeza sobre la mía, me acariciaste los labios y diste lugar a lo que se convirtió en el día más frío de toda mi vida.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Te imaginas?


Tocar la niebla con tu piel, abrazarla y sentirla dentro de ti. Notar como el frío traspasa tus huesos y te hace sentir viva. Tus pies bajo las lágrimas de los árboles, esas hojas sin vida. Tus ojos mirando a la nada, mirando una silueta que no existe pero se acerca lentamente a ti, y se para justo a diez centímetros de tu cuerpo. Tú das un paso hacia adelante. No te atreves a tocarle pero al final lo haces. Le acaricias el cabello, descendiendo suavemente hasta su mejilla. Le coges la mano y te acercas aún más. Le das un beso en la cara y de repente desaparece. Creías que era real, que después él te besaría y saldríais corriendo cogidos de la mano, os caeríais entre las hojas y os fundiríais en besos y pasión. Pero no. Tan sólo era producto de tu imaginación. Igual que esto que estás leyendo y desearías con todas tus fuerzas que estuviera sucediendo.

Pero no importa. Invádete de música y sal de casa. Sal a la playa, que en invierno la invade de magia. O a visitar a los árboles, la niebla, la lluvia... quizá ellos se sienten como tú y ni siquiera pueden moverse, ¿sabes? Eres afortunada de poder hacer algo si lo quieres, y sin embargo te quedas en la silla, quieta, parada, llorando... y eso no va a solucionar NADA.

sábado, 26 de marzo de 2011

Directa al sol


Tal vez habría llorado si me hubiese quedado un segundo más sintiendo el frío dolor que enmudeció tu cuerpo. Así que eché la vista atrás y me marché. Al caminar sentía como si tuviese tu mano sobre mi hombro e intentaras gritarme al oído, preguntarme por qué todo había acabado. No sé, pero aquella sensación me estaba matando. No aguantaba más, me costaba respirar. "¿Y ahora qué hago?", me pregunté.

Sabía que ya nada volvería a ser igual: las mañanas con olor a pan tostado, los paseos y sonrisas que se quedaron en el boulevard, las tardes contando los aviones que dejaban surcos en el cielo, los besos al atardecer, las noches adormecida entre el calor de tu piel y el frío noviembre que se calaba en tus pies.

Pero es inútil volver a por ti, a por los sueños que quedaron escondidos entre la hierba del parque. Es como soplarle a la sopa fría. Creo que me hubiera sido más fácil ir directa al sol.

lunes, 10 de enero de 2011

Goodnight by the morning

Me he pasado toda la noche pensando en qué decirte cuando te vea, y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión, solución, o lo que sea. Y ahora me siento frustrada, ¿sabes? Te siento tanto y me encanta hacerlo... No sabes que no quiero estar contigo, pero es que ni si quiera yo lo sé. ¿Quién lo sabe? Sólo sé que odio quererte y quiero parar de hacerlo, quiero parar esto y empezar a ser yo, a tomar mis propias decisiones y no tener que contenerme de hacer algo que realmente quiero, como irme allí, o irme allá, o simplemente quedarme aquí, ¿sabes?, pero no poder hacerlo por miedo a hacer daño. Y que tú me lo hagas a mí. No quiero. Pero, ¿qué puedo hacer? Si cuando quiero parar esto se acerca tu sonrisa a mis labios y siento una punzada en el corazón y me arrepiento de querer parar esto y... ¡Dios! quiero y no quiero tantas cosas... Pero ¿qué puedo hacer? Se supone que así es el amor, ¿no? Oh, voy a volverme loca... Buenas noches a las 7:28 de la mañana.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Holly y las fotografías

Holly deshizo la maleta. De ella sacó toda la ropa, zapatos, perfumes... Colocó cada cosa minuciosamente en el armario y en las estanterías de su nueva habitación. La habitación donde dormiría durante ocho meses de universidad.

Se perdió en el piso, repasando cada detalle de él, observando cada rincón de ese lugar. De su nuevo hogar, al que no lograría acostumbrarse tan fácilmente.
Ella sabía que su vida no había cambiado. Seguía todo igual en su interior, pero fuera todo era distinto, nuevo. Algo le conmovía. Estaba sola. No pasaron más de dos semanas cuando Holly rompió su cuerpo en lágrimas y gritos que jamás fueron escuchados. Aquella noche me contó que se sentía sola. En ese momento, y no entiendo por qué, se convirtió en alguien importante y especial en mi vida. Supe que nos haríamos buenas amigas. Vi selladas en ella todas y cada una de las marcas que la vida le había dejado y las cuales aún hoy intenta no sangrar.

La gente suele fotografiar momentos felices de su vida. Bodas, bautizos, cumpleaños, graduaciones, conciertos... Holly tiene en su armario una caja llamada “heridas que te enseñan a ser feliz” (aún me duele leer ese nombre cada vez que veo la caja en algún lugar del piso). En ella guarda un álbum de fotos en las que hay capturados momentos duros de su vida, como la soledad que siente cada noche cuando se pierde entre las sábanas, la nota de “hasta luego” que nunca volvió a ser luego que su madre le escribió, las postales de Barcelona que le enviaba a Javier y que él nunca respondió...

Ahora sé que Holly me necesita más que nunca, aunque todavía sea una extraña para mí, aunque no sepa decirle cuánto me gustaría abrazarla y que se sostuviera de mi mano.

viernes, 27 de agosto de 2010

Intento (no) estar contigo

Me dices te quiero, pero no me llamas, no me buscas, no me encuentras, no me conoces, no me entiendes, no me escuchas.
Me dices te quiero, y te vas.
Me dices te quiero, y vuelves, y me engañas, me prometes, me besas y me arrancas el alma.
Me dices te quiero, pero sólo lo dices.
Me dices te quiero, y yo te creo, te amo, te adoro, te odio.
Me dices te quiero, pero me quieres porque soy débil, porque tienes el control sobre mí, porque cada vez que te odio y soy independiente vuelvo a ti, y entonces me odio a mí.
Me dices te quiero, pero sólo lo dices.
Entonces quiero sacarte de mi cabeza, de mi vida, de mi alma, de mi corazón, de mi piel, de mis días, de mis noches, de mis recuerdos, de todas las calles de esta ciudad, de mis decisiones, de mis lágrimas, de mis heridas, de mi sangre, de mis sonrisas, del frío, del tacto...
Pero me dices te quiero, y me va la vida en ello.
Me dices te quiero, y ya nunca más te creo.


(te odio)

miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Has estado ahí a las 4 de la mañana?

- Yo no puedo salir de casa a las cuatro de la mañana cuando estés mal y necesites un abrazo.
- No te he pedido que lo hagas.
- Ya...
- Yo lo haría por ti.
- Pero...
- Vale, joder, sé que tú no lo harías por mí. Lo sé, vivo con ello desde hace mucho tiempo.
- Es que... no lo entiendo. Creo que cuando no puedes dormir porque estás mal y necesitas un abrazo, lo mejor que se puede hacer es acostarse y a la mañana siguiente descubrir que ya ha pasado todo.
- No tienes ni idea. Cuando estás rota lo único que necesitas es volver a sentir, y una de las maneras de vovler a hacerlo es poder abrazar a alguien. ¿Te has sentido jodidamente sola, destrozada, pisada, vacía y muerta? ¿Tú has estado rota? ¿Sabes lo que significa eso?
- No...
Supe que había conocido mejor que nadie el dolor de mi existencia.

lunes, 21 de junio de 2010

Me enamoré de ti cuando...

¿Sabes en qué momento me enamoré de ti? Me enamoré de ti cuando un día gris te cruzaste en mi camino y me gritaste un nombre que ni siquiera era el mio, me confundiste con alguien que esperabas encontrar. Y al darte cuenta de tal decepción, un mar de lágrimas inundaron tus ojos y rompiste a llorar, desesperada, destrozada, rota, como si te hubieran arrebatado la vida, como si te hubieran arrancado el alma.
- ¡Te odio! - me gritaste.
Y yo, sin conocerte, te abracé y apoyé mi cara sobre tu cabello. Y tú aún gritabas abrazada a mi chaqueta mientras yo podía sentir la piel erizada de mi espalda y de cada milímetro de mi cuerpo. Entonces me soltaste y me contaste todos tus problemas, todo tu dolor, todos tus silencios, tus gritos, tus noches y tus mañanas... Hiciste de tu caos un momento mágico y especial entre tú y yo. Una de tus lágrimas cayó sobre mi mano y se deslizó por mi dedo. ¿Adónde fue a parar después? Siempre he pensado que se congeló en el tiempo, que congeló ese instante y lo envasó al vacio. Y de repente, te marchaste sin decir ni una palabra y yo aún guardo el gorro azul que se te cayó en el primer segundo que me salvaste.

sábado, 22 de mayo de 2010

Esta eres tú

Hoy me atrevo a escribirte de nuevo.
Hoy voy a decirte lo que nunca en la vida he logrado contarte, eso que me haces sentir.
Me encanta cuando te levantas de repente después de haberte caído y, rodeándote para observar el lugar donde caíste, sonríes cabizbaja, y entonces piensas “¿Lo ves? Siempre es posible”. Y aparentemente segura, pero interiormente temerosa, sigues adelante apaciblemente. Y mientras caminas, de vez en cuando vuelves a ese mundo interior tuyo en el que te sumerges para aislarte de los rayos de dolor. En ese mundo eres tú la reina de todo color, de toda felicidad. Miras las nubes que parecen de pegatina en ese azul tan azul. Inspiras hasta las profundidades de tu alma el olor a pan que te embriaga cada mañana en la plaza donde los niños juegan a hacer pompas de jabón y disfrutas viéndote reflejada a ti y al mundo en esa pequeña –pero tan grande para ti- burbuja, con pequitas de colores que llenan tu mirada de luz. Me encanta también cuando tu mirada busca desesperadamente sonrisas. Todo tipo de sonrisas. Y a duras penas encuentra alguna que sea verdadera entre la multitud. Y después la dejas porque ni siquiera te llena. Entonces piensas “voy a comprar sonrisas”, porque necesitas sentir el mundo un poquito más bueno que ayer. Pero ahora ya has aprendido que con tu sonrisa te basta para vivir, y eso también me encanta.

Además, tengo el gusto de confesarte que es tremendamente genial cuando intentas escribir algo bueno, o “simplemente algo malo, ¡joder!”, y resoplas con el corazón cansado porque no logran salirte las palabras, porque ya no consigues encontrar sentimientos que al plasmarlos te hagan sentir bien. Y me gusta porque sé que eres tú la que estás escribiendo todo esto con el corazón sobre la mesa, con esos ojos casi desbordados de sus órbitas buscando desesperada y descubriendo en él sensaciones y sentimientos nuevos dentro de los cajones que compras cada fin de mes con el fin de estar preparada por si logras encontrar nuevas emociones. Estás aquí quitando de él los alfileres que te hacen sangrar cada noche en silencio y plasmándolo todo en este pequeño lugar de tu mundo perfecto, especial, ideal, enigmático. En este lugar tan tuyo, tan... tan tú.

Y esta eres tú. La que perdida y rodeada de tanta gente no ve a nadie y se pregunta dónde está, y de repente echa a correr como una niña pequeña en busca de algo que le haga sonreír. La que los domingos por la tarde arranca histérica sólo para calmar el dolor que le produce la soledad los post-its de colores con mensajes de felicidad que los lunes por la mañana pega en la pared de su habitación entusiasmada por volver a empezar. La que aún recuerda el lugar perfecto para gritar y cierra los ojos imaginando estar ahí. La que cuando no consigue gritar coge la cámara y captura el mundo con el disparador del corazón. La que quiere arañar y arrancar de este mundo la inmundicia que se filtra tan fácilmente en las cabezas de la gente. La que sueña pesadillas, la que escupe promesas que alguien le introdujo en la boca haciéndole callar, la que camina sobre cristales rotos, la que duerme a los pies de la cama, la que cose cremalleras en lugar de poner tiritas en su corazón, la que en lugar de beber el agua, la muerde… pero aún así se ríe de ella; pero aún así sonríe, porque es feliz.

sábado, 3 de abril de 2010

Mentiras

Nunca te fíes de mí. Puedo mentirte y jurarte que jamás te amé, que nunca me hiciste feliz con ninguno de tus besos, con ninguna de tus caricias, con ninguna de tus miradas... Soy capaz de prometerte que esta será la última vez que nos veamos. Tengo el valor de gritarte que te odio, que nunca he llegado al éxtasis todas las veces que estuviste dentro de mí, que ni siquiera sentí placer, que eres tremendamente incapaz de hacerme gritar, soñar, volar... Pero, amor, soy una mentirosa compulsiva. Me miento día a día. Porque toda la fuerza la derramo por la boca. Porque me es tan fácil hablar... Pero soy incapaz de creerme a mí misma cuando digo todas esas palabras. Soy incapaz de estar sin ti ni un solo día. Y por mucho que trate de jurarme a mí misma que jamás volveré a llorar por ti, sé que ese juramento se rompe tan pronto como lo hago. Sé que no he amado, ni amo, ni amaré a nadie como te amo a ti. Y eres la única persona capaz de hacerme feliz. Que me muero sin uno de tus besos, sin una de tus mágicas miradas, sin una de tus maravillosas sonrisas... Y me pasaría todos los días de mi vida sintiéndote dentro de mí, siendo uno en lugar de dos. Desayunaríamos todas las mañanas besos y amor mientras la tostada se cae al suelo por el lado de la mantequilla. Y no nos importa.

Soy una mentirosa compulsiva. Y lo peor es que, sin ti, todas las noches desearía que esas mentiras se convirtiesen en realidad.

domingo, 7 de marzo de 2010

- Te odio – dijo dejando caer una lágrima que sabía que rebotaría entre las paredes del olvido.

Y Damián unió su boca a la de Abril, fundiendo todas las lágrimas que había sangrado durante tantos años entre el acentuado latido de sus corazones y el calor que desprendía aquel beso.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Estás en el aire

Estás en el aire.
Lo sé.
Y me acaricias. Me susurras que me quieres, que no me lamente, que no me sienta culpable, que cuidarás de mí.
Y yo te lloro, te sueño, te recuerdo, te extraño, siento que me muero sin ti tan lentamente.
Soy egoísta porque necesito que vuelvas, pero sé que estás en un lugar mejor, que has dejado de sufrir y no sientes rencor por nada ni por nadie.
Quizá podré seguir viviendo mientras sigas acariciándome.
Te siento aunque ya no estés…
Me acaricias.
Acaríciame.
Te quiero.
Mucho más.

martes, 16 de febrero de 2010

El amor concede a los demás el poder de destruirte

“Más aún, jamás había tenido tentación de quererle. Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío... El amor concede a los demás el poder de destruirte”

Stephanie Meyer

domingo, 7 de febrero de 2010

Inquietud

Hoy ha sido un domingo de aburrimiento (¿y cuándo tus domingos no son aburridos, Sandra?). Así que en lugar de estudiar, me he pasado el día bloggeando, leyendo y disfrutando rincones mágicos, divertidos, sonrientes, tristes, esperanzadores.. Pero justo hace diez minutos entré en un blog que me encantó. Abrazos de invierno, se llama. Desde pequeña me encanta el frío, amo el invierno y adoro los abrazos. Así que visto de esa manera nada más el nombre del blog me llamó la atención. Pero eso no fue lo que más me inquietó, sino la última entrada del blog. Trata sobre el arte. Dice que el arte de escribir se produce gracias a la tristeza. Entonces de nuevo me he formulado la pregunta que desde hace tiempo no quería responder. Sí, estoy mal. Y por eso escribo. Y aunque últimamente sólo escriba sonrisas, son llevadas a cabo porque me obligo a levantarme cada vez que caigo, porque cuando estoy mal necesito plasmar mis lágrimas transformándolas en sonrisas. Porque, además, mi intención es plasmar en este rincón los preciosos detalles que tiene la vida para que podamos disfrutarlos. Y porque sé que realmente ahora no estoy tan mal, he pasado épocas peores. Y quizá es extraño que diga esto justo en una de las etapas más agobiantes, estresantes y catastróficas de mi vida, pero es así. Estoy aprendiendo a no quejarme cada vez que caigo, a decir "podría haber sido peor" y seguir caminando (como M en la canción de Los Piratas). Y pasito a pasito... se llega al objetivo.

Buenas noches y buen inicio de semana.

Aún no es lunes y ya estoy deseando que sea viernes...

jueves, 4 de febrero de 2010

Una vez escribí...

Mis noches son tsunamis

Aún ando a tientas por las noches, descalza y buscando el manillar de la puerta de casa para subir a mirar las estrellas. Y cuando llego arriba, tiemblo. Me acurruco entre mis brazos y el camisón blanco que me regalaste todavía echa de menos tus manos bailando con él. Quizá no quiero aprender a estar sin ti. Cuando estabas conmigo me negaba rotundamente a depender de alguien para vivir, aún sabiendo que siempre dependía de ti. Aún dependo, aunque ya no estés. Por las mañanas bajo del apartamento y doy un paseo por la orilla de la playa, me gusta sentir el agua empapando mis pies y la arena fundirse entre mis dedos. Manu, el del garito, cada día me pregunta cómo lo llevo, y yo nunca sé qué responder... Menos mal que entiende mi silencio, o eso creo. Igual que tú. No había vez que no supieras entender mi silencio. A mí siempre me ha costado entender el motivo por el que callan las personas, quizá porque a veces no entiendo ni siquiera el mío. En fin... qué jodido, Iván. Qué jodido es luchar por algo y justo cuando estás a punto de conseguirlo se te escapa de las manos, y desapareces, sin más. Dicen que las personas no mueren hasta que alguien deja de recordarlas. Pero... y el que muere, ¿qué? ¿Muere y eso es todo? El alma del que muere escucha a los que aún estamos con los pies en la tierra, y nos recuerda. ¿Tú me escuchas y recuerdas? Confío en que sí, o eso creeré. Es una putada, ¿sabes? Una gran putada consentir que el tiempo nos mate. Deberíamos matarle nosotros a él, ¿verdad? Deberíamos agarrarle bien fuerte, ahogarle hasta dejarle sin aliento y decirle: Eh, tú, deja ya de hacer llorar cada vez que te llevas a alguien contigo. Es egoísta, muy egoísta. Yo no sé si el tiempo existe o no, pero creo antes en él que en la muerte. Sí, porque el tiempo nos vuelve a conceder vida después de la vida. Por eso nunca me gusta malgastar ni un segundo, para aprovechar esta vida al máximo. No sé si ésta es mi primera vida, la segunda o la tercera. Pero lo que está claro es que cuando muera ya no volveré a ser quien soy, ni viviré esta vida, sino otra. Por eso siempre me olvido de la gente normal, para no ir deprisa, sin respirar y sin sentir. Ellos no saben inspirar los segundos hasta expandirlos por los poros de su piel y hacer que el vello se les erice. Yo sí sé. Y sé que eso es lo que realmente hace que cada día me sienta menos muerta por dentro. Yo quiero ser el tiempo. Mira el mar, ¿lo ves? ¿Puedes verlo? El mar sueña, late, siente. La luna siempre le hace soñar, nunca tiene pesadillas. Bueno, a veces creo que sí, cuando algo dentro suyo se mueve y hace que forme olas de tantos metros y mate a miles de personas. Nunca me han gustado los tsunamis. Los odio. Les tengo demasiado miedo, demasiado. Mis noches son tsunamis, Iván. Ya no me acuerdo de lo que es soñar.


Y hoy, mis noches son tsunamis de muy pocos metros, cada vez menos... y ahora puedo decir que sí recuerdo y sé lo que es soñar, a pesar de todo. Eso es bueno, ¿verdad, Iván?