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domingo, 10 de julio de 2011

Me gusta...

...el olor a tierra mojada, el silencio de las gotas de lluvia al recorrer y empapar mi piel, los gofres de chocolate, la playa en invierno, los fuegos artificiales.
Me gusta gritar, imaginar cosas que nunca sucederán (o sí), poner banda sonora a mi vida mientras voy por la calle, dormir hasta las tantas, trasnochar, fotografíar cada instante, escribir hasta que mi corazón reviente, recorrer cada rincón del mundo, irradiar, brillar...
Me gusta el placer de comerme un magnum de doble chocolate cuando todo alrededor se está derrumbando, y me derrumba a mí también.
Me encanta luchar, reír hasta llorar, saltar, lanzarme al agua, salir del vacío, sentir las sonrisas de mis amigos, que se me erice la piel, que ocurra algo mágico y especial un triste y aburrido domingo, que me llamen cuando menos lo espere, que me digan que me necesitan, que me quieren, que me echan de menos.
Me encanta enamorarme de la vida.
Me encanta vivir.

domingo, 17 de abril de 2011

El día más frío de mi vida


Me besaste y en ese instante pude saborear los segundos más amargos de toda mi vida. Supe que aquella vez era distinto. Supe que aquel no era un beso como los del principio, llenos de dulzura y de pasión; pero tampoco como los últimos que me dabas, ausentes de magia y esperanza.

Me besaste y en ese instante todo se congeló: el tiempo, tu mirada, mis labios, tu mano izquierda en mi cintura, mi piel, tu mano derecha en mi cuello, mi corazón, tu boca... Y todo pareció de manera surrealista una de esas típicas escenas de película en que todo se vuelve entre azul y gris y no queda nada más que un instante congelado en el tiempo.

Me besaste y antes de marcharte apoyaste tu cabeza sobre la mía, me acariciaste los labios y diste lugar a lo que se convirtió en el día más frío de toda mi vida.

domingo, 3 de abril de 2011

Nada. Solo ella y yo


Estábamos allí. En esa cama, justo en el momento menos indicado y en el lugar equivocado. Sin besarnos, sin abrazarnos, sin tocarnos. “¿Qué éramos?”, me pregunto ahora, y supongo que no éramos nada -y aún seguimos siendo nada-, pero me fascinaba verla dormir. Hice amago de tocar su pelo y acariciar su rostro, pero tan solo dibujé las caricias con mis dedos alrededor de ella.


Ni en mis sueños podía tocarla. Pero podía sentirla… y sé que ella a mí también, con eso me bastaba.


No éramos nada, solo ella y yo.

sábado, 2 de abril de 2011

Cerca o lejos

Estaré tan cerca o lejos de ti como yo lo quiera estar. Todo está en sentir e imaginar.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Te imaginas?


Tocar la niebla con tu piel, abrazarla y sentirla dentro de ti. Notar como el frío traspasa tus huesos y te hace sentir viva. Tus pies bajo las lágrimas de los árboles, esas hojas sin vida. Tus ojos mirando a la nada, mirando una silueta que no existe pero se acerca lentamente a ti, y se para justo a diez centímetros de tu cuerpo. Tú das un paso hacia adelante. No te atreves a tocarle pero al final lo haces. Le acaricias el cabello, descendiendo suavemente hasta su mejilla. Le coges la mano y te acercas aún más. Le das un beso en la cara y de repente desaparece. Creías que era real, que después él te besaría y saldríais corriendo cogidos de la mano, os caeríais entre las hojas y os fundiríais en besos y pasión. Pero no. Tan sólo era producto de tu imaginación. Igual que esto que estás leyendo y desearías con todas tus fuerzas que estuviera sucediendo.

Pero no importa. Invádete de música y sal de casa. Sal a la playa, que en invierno la invade de magia. O a visitar a los árboles, la niebla, la lluvia... quizá ellos se sienten como tú y ni siquiera pueden moverse, ¿sabes? Eres afortunada de poder hacer algo si lo quieres, y sin embargo te quedas en la silla, quieta, parada, llorando... y eso no va a solucionar NADA.

sábado, 26 de marzo de 2011

Paradojas

- Te odio
- Lo sé
- Y lo peor es que no sé cuándo dejaré de hacerlo, ni si podré...
- Nunca dejes de hacerlo

martes, 1 de marzo de 2011

Un segundo en tus labios fue suficiente para estremecer mi corazón y hacerlo rugir. ¿Cómo no pudo esto pasar antes?

martes, 30 de noviembre de 2010

Nunca más existimos

Recuerdo que me preguntó si aquí siempre hacía tanto frío. A ella siempre le había encantado sentir esa sensación, como cuando los dedos se te congelan y el aliento sale de la boca como humo y desaparece en el olvido.

Estaba resplandeciente. Sus ojos eran de escarcha. Su nariz y pómulos rojizos a causa del frío contrastaban con su piel blanca.

Y aunque estuviéramos a tres grados bajo cero, me transmitía su calidez cada vez que su mirada se clavaba en la mía, como si dentro de cinco segundos no existíeramos ninguno de los dos.

Me dedicó una sonrisa y nunca más existimos.

domingo, 24 de octubre de 2010

Despertar

Los pies fríos, la nariz congelada. Mis labios cortados. Tu ausencia en mi cama. Los rayos de luz entrando a través de la ventana. Los grados bajo cero de la mañana que cubren de escarcha mi alma. Tu olor impregnado en mi ropa. El sonido de tu risa que baila rebotando entre las cuatro paredes de esta habitación. El brillo que desprendía el color de tus ojos guardado en un cajón pequeño de mi corazón. La imagen de tu mirada dando vueltas en mi cabeza. Las huellas de tus dedos y tus labios son ahora un flash-back erizándome la piel.


Suena de fondo Paul Mottram

lunes, 21 de junio de 2010

Me enamoré de ti cuando...

¿Sabes en qué momento me enamoré de ti? Me enamoré de ti cuando un día gris te cruzaste en mi camino y me gritaste un nombre que ni siquiera era el mio, me confundiste con alguien que esperabas encontrar. Y al darte cuenta de tal decepción, un mar de lágrimas inundaron tus ojos y rompiste a llorar, desesperada, destrozada, rota, como si te hubieran arrebatado la vida, como si te hubieran arrancado el alma.
- ¡Te odio! - me gritaste.
Y yo, sin conocerte, te abracé y apoyé mi cara sobre tu cabello. Y tú aún gritabas abrazada a mi chaqueta mientras yo podía sentir la piel erizada de mi espalda y de cada milímetro de mi cuerpo. Entonces me soltaste y me contaste todos tus problemas, todo tu dolor, todos tus silencios, tus gritos, tus noches y tus mañanas... Hiciste de tu caos un momento mágico y especial entre tú y yo. Una de tus lágrimas cayó sobre mi mano y se deslizó por mi dedo. ¿Adónde fue a parar después? Siempre he pensado que se congeló en el tiempo, que congeló ese instante y lo envasó al vacio. Y de repente, te marchaste sin decir ni una palabra y yo aún guardo el gorro azul que se te cayó en el primer segundo que me salvaste.