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lunes, 9 de enero de 2012

Secretos

Dicen que la mayoría de las veces se puede descubrir e identificar entre las palabras de un escritor todas las piezas y personas que componen su vida, a qué tiene miedo, qué es real y qué es ficción. Todos sus secretos pueden ser desvelados.

Yo no me considero una escritora, pero si no tuviera secretos, no escribiría.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Las formas de la felicidad


Creo que la felicidad puede presentarse en la vida de diferentes formas y en cualquier momento. La satisfacción de darse cuenta que has superado una etapa difícil de tu vida y que ya a penas duele es una de las mejores formas de felicidad que existen. Es como cuando escuchas esa canción que hace años te hacía romperte en pedazos y llorar con cada maldita nota y ahora puedes sentirte tan sencilla y maravillosamente bien, pudiendo sentir que esas ganas de llorar ya no están y no van a volver porque has conseguido ese equilibrio que te permite sonreír y recordar aquellos momentos como algo que tenías que vivir en tu vida para aprender, madurar, seguir adelante y ayudarte a ser mejor persona.

Recuerdo que una vez escribí que las lágrimas son sonrisas que no hemos podido alcanzar. Ahora creo siempre podemos dibujar una sonrisa verdadera en nuestro rostro. Y da igual si estamos rotos por dentro o si pensamos que nunca más vamos a poder seguir adelante, porque el poder dibujar esa sonrisa y el poder seguir adelante está en nosotros mismos, en quererlo con las suficientes fuerzas para que se haga realidad.

domingo, 10 de julio de 2011

Me gusta...

...el olor a tierra mojada, el silencio de las gotas de lluvia al recorrer y empapar mi piel, los gofres de chocolate, la playa en invierno, los fuegos artificiales.
Me gusta gritar, imaginar cosas que nunca sucederán (o sí), poner banda sonora a mi vida mientras voy por la calle, dormir hasta las tantas, trasnochar, fotografíar cada instante, escribir hasta que mi corazón reviente, recorrer cada rincón del mundo, irradiar, brillar...
Me gusta el placer de comerme un magnum de doble chocolate cuando todo alrededor se está derrumbando, y me derrumba a mí también.
Me encanta luchar, reír hasta llorar, saltar, lanzarme al agua, salir del vacío, sentir las sonrisas de mis amigos, que se me erice la piel, que ocurra algo mágico y especial un triste y aburrido domingo, que me llamen cuando menos lo espere, que me digan que me necesitan, que me quieren, que me echan de menos.
Me encanta enamorarme de la vida.
Me encanta vivir.

sábado, 2 de abril de 2011

Cerca o lejos

Estaré tan cerca o lejos de ti como yo lo quiera estar. Todo está en sentir e imaginar.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Te imaginas?


Tocar la niebla con tu piel, abrazarla y sentirla dentro de ti. Notar como el frío traspasa tus huesos y te hace sentir viva. Tus pies bajo las lágrimas de los árboles, esas hojas sin vida. Tus ojos mirando a la nada, mirando una silueta que no existe pero se acerca lentamente a ti, y se para justo a diez centímetros de tu cuerpo. Tú das un paso hacia adelante. No te atreves a tocarle pero al final lo haces. Le acaricias el cabello, descendiendo suavemente hasta su mejilla. Le coges la mano y te acercas aún más. Le das un beso en la cara y de repente desaparece. Creías que era real, que después él te besaría y saldríais corriendo cogidos de la mano, os caeríais entre las hojas y os fundiríais en besos y pasión. Pero no. Tan sólo era producto de tu imaginación. Igual que esto que estás leyendo y desearías con todas tus fuerzas que estuviera sucediendo.

Pero no importa. Invádete de música y sal de casa. Sal a la playa, que en invierno la invade de magia. O a visitar a los árboles, la niebla, la lluvia... quizá ellos se sienten como tú y ni siquiera pueden moverse, ¿sabes? Eres afortunada de poder hacer algo si lo quieres, y sin embargo te quedas en la silla, quieta, parada, llorando... y eso no va a solucionar NADA.

sábado, 26 de marzo de 2011

Directa al sol


Tal vez habría llorado si me hubiese quedado un segundo más sintiendo el frío dolor que enmudeció tu cuerpo. Así que eché la vista atrás y me marché. Al caminar sentía como si tuviese tu mano sobre mi hombro e intentaras gritarme al oído, preguntarme por qué todo había acabado. No sé, pero aquella sensación me estaba matando. No aguantaba más, me costaba respirar. "¿Y ahora qué hago?", me pregunté.

Sabía que ya nada volvería a ser igual: las mañanas con olor a pan tostado, los paseos y sonrisas que se quedaron en el boulevard, las tardes contando los aviones que dejaban surcos en el cielo, los besos al atardecer, las noches adormecida entre el calor de tu piel y el frío noviembre que se calaba en tus pies.

Pero es inútil volver a por ti, a por los sueños que quedaron escondidos entre la hierba del parque. Es como soplarle a la sopa fría. Creo que me hubiera sido más fácil ir directa al sol.

lunes, 10 de enero de 2011

Goodnight by the morning

Me he pasado toda la noche pensando en qué decirte cuando te vea, y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión, solución, o lo que sea. Y ahora me siento frustrada, ¿sabes? Te siento tanto y me encanta hacerlo... No sabes que no quiero estar contigo, pero es que ni si quiera yo lo sé. ¿Quién lo sabe? Sólo sé que odio quererte y quiero parar de hacerlo, quiero parar esto y empezar a ser yo, a tomar mis propias decisiones y no tener que contenerme de hacer algo que realmente quiero, como irme allí, o irme allá, o simplemente quedarme aquí, ¿sabes?, pero no poder hacerlo por miedo a hacer daño. Y que tú me lo hagas a mí. No quiero. Pero, ¿qué puedo hacer? Si cuando quiero parar esto se acerca tu sonrisa a mis labios y siento una punzada en el corazón y me arrepiento de querer parar esto y... ¡Dios! quiero y no quiero tantas cosas... Pero ¿qué puedo hacer? Se supone que así es el amor, ¿no? Oh, voy a volverme loca... Buenas noches a las 7:28 de la mañana.

viernes, 24 de septiembre de 2010

He roto los cristales de mi alma.

He olvidado cómo llorar. No me salen las palabras. No sé qué hago. No sé si he tomado la decisión correcta. No sé a dónde voy, ni por qué estoy aquí. Tan sólo soy. Eso es algo, ¿verdad? Quiero decir... eso es bueno, ¿no? Sería mucho peor si me hubiera olvidado de ser yo. Soy, estoy, siento, vivo. ¿Podría pedir algo más?

sábado, 22 de mayo de 2010

Esta eres tú

Hoy me atrevo a escribirte de nuevo.
Hoy voy a decirte lo que nunca en la vida he logrado contarte, eso que me haces sentir.
Me encanta cuando te levantas de repente después de haberte caído y, rodeándote para observar el lugar donde caíste, sonríes cabizbaja, y entonces piensas “¿Lo ves? Siempre es posible”. Y aparentemente segura, pero interiormente temerosa, sigues adelante apaciblemente. Y mientras caminas, de vez en cuando vuelves a ese mundo interior tuyo en el que te sumerges para aislarte de los rayos de dolor. En ese mundo eres tú la reina de todo color, de toda felicidad. Miras las nubes que parecen de pegatina en ese azul tan azul. Inspiras hasta las profundidades de tu alma el olor a pan que te embriaga cada mañana en la plaza donde los niños juegan a hacer pompas de jabón y disfrutas viéndote reflejada a ti y al mundo en esa pequeña –pero tan grande para ti- burbuja, con pequitas de colores que llenan tu mirada de luz. Me encanta también cuando tu mirada busca desesperadamente sonrisas. Todo tipo de sonrisas. Y a duras penas encuentra alguna que sea verdadera entre la multitud. Y después la dejas porque ni siquiera te llena. Entonces piensas “voy a comprar sonrisas”, porque necesitas sentir el mundo un poquito más bueno que ayer. Pero ahora ya has aprendido que con tu sonrisa te basta para vivir, y eso también me encanta.

Además, tengo el gusto de confesarte que es tremendamente genial cuando intentas escribir algo bueno, o “simplemente algo malo, ¡joder!”, y resoplas con el corazón cansado porque no logran salirte las palabras, porque ya no consigues encontrar sentimientos que al plasmarlos te hagan sentir bien. Y me gusta porque sé que eres tú la que estás escribiendo todo esto con el corazón sobre la mesa, con esos ojos casi desbordados de sus órbitas buscando desesperada y descubriendo en él sensaciones y sentimientos nuevos dentro de los cajones que compras cada fin de mes con el fin de estar preparada por si logras encontrar nuevas emociones. Estás aquí quitando de él los alfileres que te hacen sangrar cada noche en silencio y plasmándolo todo en este pequeño lugar de tu mundo perfecto, especial, ideal, enigmático. En este lugar tan tuyo, tan... tan tú.

Y esta eres tú. La que perdida y rodeada de tanta gente no ve a nadie y se pregunta dónde está, y de repente echa a correr como una niña pequeña en busca de algo que le haga sonreír. La que los domingos por la tarde arranca histérica sólo para calmar el dolor que le produce la soledad los post-its de colores con mensajes de felicidad que los lunes por la mañana pega en la pared de su habitación entusiasmada por volver a empezar. La que aún recuerda el lugar perfecto para gritar y cierra los ojos imaginando estar ahí. La que cuando no consigue gritar coge la cámara y captura el mundo con el disparador del corazón. La que quiere arañar y arrancar de este mundo la inmundicia que se filtra tan fácilmente en las cabezas de la gente. La que sueña pesadillas, la que escupe promesas que alguien le introdujo en la boca haciéndole callar, la que camina sobre cristales rotos, la que duerme a los pies de la cama, la que cose cremalleras en lugar de poner tiritas en su corazón, la que en lugar de beber el agua, la muerde… pero aún así se ríe de ella; pero aún así sonríe, porque es feliz.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sandra

Hola. Me presento. Me llamo Sandra, pero mis amigos siempre me han llamado Sany. No sé cuál de las dos maneras para que me llamen me gusta más. Quizá la segunda me resulta más especial por las personas a las que se les ocurrió la idea de llamarme así. Bueno, parece que soy indecisa a la hora de elegir. Vaya, siempre lo he sido. Pero a la vez impulsiva. Oh, si supieras los errores que he cometido a causa de mis impulsos. Pero soy humana, ¿no? Me equivoco, lo reconozco y después rectifico. Por cierto, nunca me llames a las siete de la mañana porque estaré sumida en un profundo sueño que me impedirá oír cualquier sonido o ruido que haya en casa. Sí, me gusta despertarme tarde. ¿Qué por qué? Pues mira, me encanta trasnochar. Hacer esas cosas que uno hace cuando es de día, como leer, pensar, escribir, estudiar, ver películas, escuchar música, llorar… Me encanta escuchar una canción con la que me siento totalmente identificada y llorar a altas horas de la noche. La música unas veces me eleva y otras me hunde en la miseria. ¿Sabes? Tengo una guitarra en mi habitación. La adoro. Pero nunca me he atrevido a tocarla. Una vez me dispuse a aprender a hacerla sonar bien pero nunca conseguí aprender. Entonces entendí que quizá eso estaba relacionado conmigo, que tenía algo que ver con mi interior. Tenía un serio problema. Debía primero aprender a ordenar todo dentro de mí, aprender a afinar las cuerdas de mi corazón y hacerlas sonar de manera que cada vez que el buzón de casa se encontrara vacío de cartas que nunca llegarían, o que cada vez que el teléfono sonase y no fuese para mí fuese capaz de aceptar que la soledad es parte de todos y cada uno de nosotros, y que aunque tenga a personas a mi alrededor que me ayudan, la única persona que siempre va a estar ahí y jamás me va a soltar de la mano voy a ser yo misma. Y yo sola voy a tener que tirar de mí, a cuestas, a las malas y a las buenas. Y seguro que me odiaré, porque mi propio peso dejará mi espalda derrotada. Y eso hará mella en las vértebras de mi cuerpo. Y seguro que la espalda se quedará amoratada. Y me gritaré, pelearé conmigo misma,... pero aprenderé a sonreírme, a confiar más en mí, a convivir conmigo, a consolarme mientras lloro y a levantarme cuando caigo.

Bueno, seguro que sabes de qué hablo, ¿verdad? A ti también te habrá pasado. O lo habrás pensado.

domingo, 7 de febrero de 2010

Inquietud

Hoy ha sido un domingo de aburrimiento (¿y cuándo tus domingos no son aburridos, Sandra?). Así que en lugar de estudiar, me he pasado el día bloggeando, leyendo y disfrutando rincones mágicos, divertidos, sonrientes, tristes, esperanzadores.. Pero justo hace diez minutos entré en un blog que me encantó. Abrazos de invierno, se llama. Desde pequeña me encanta el frío, amo el invierno y adoro los abrazos. Así que visto de esa manera nada más el nombre del blog me llamó la atención. Pero eso no fue lo que más me inquietó, sino la última entrada del blog. Trata sobre el arte. Dice que el arte de escribir se produce gracias a la tristeza. Entonces de nuevo me he formulado la pregunta que desde hace tiempo no quería responder. Sí, estoy mal. Y por eso escribo. Y aunque últimamente sólo escriba sonrisas, son llevadas a cabo porque me obligo a levantarme cada vez que caigo, porque cuando estoy mal necesito plasmar mis lágrimas transformándolas en sonrisas. Porque, además, mi intención es plasmar en este rincón los preciosos detalles que tiene la vida para que podamos disfrutarlos. Y porque sé que realmente ahora no estoy tan mal, he pasado épocas peores. Y quizá es extraño que diga esto justo en una de las etapas más agobiantes, estresantes y catastróficas de mi vida, pero es así. Estoy aprendiendo a no quejarme cada vez que caigo, a decir "podría haber sido peor" y seguir caminando (como M en la canción de Los Piratas). Y pasito a pasito... se llega al objetivo.

Buenas noches y buen inicio de semana.

Aún no es lunes y ya estoy deseando que sea viernes...

jueves, 4 de febrero de 2010

Una vez escribí...

Mis noches son tsunamis

Aún ando a tientas por las noches, descalza y buscando el manillar de la puerta de casa para subir a mirar las estrellas. Y cuando llego arriba, tiemblo. Me acurruco entre mis brazos y el camisón blanco que me regalaste todavía echa de menos tus manos bailando con él. Quizá no quiero aprender a estar sin ti. Cuando estabas conmigo me negaba rotundamente a depender de alguien para vivir, aún sabiendo que siempre dependía de ti. Aún dependo, aunque ya no estés. Por las mañanas bajo del apartamento y doy un paseo por la orilla de la playa, me gusta sentir el agua empapando mis pies y la arena fundirse entre mis dedos. Manu, el del garito, cada día me pregunta cómo lo llevo, y yo nunca sé qué responder... Menos mal que entiende mi silencio, o eso creo. Igual que tú. No había vez que no supieras entender mi silencio. A mí siempre me ha costado entender el motivo por el que callan las personas, quizá porque a veces no entiendo ni siquiera el mío. En fin... qué jodido, Iván. Qué jodido es luchar por algo y justo cuando estás a punto de conseguirlo se te escapa de las manos, y desapareces, sin más. Dicen que las personas no mueren hasta que alguien deja de recordarlas. Pero... y el que muere, ¿qué? ¿Muere y eso es todo? El alma del que muere escucha a los que aún estamos con los pies en la tierra, y nos recuerda. ¿Tú me escuchas y recuerdas? Confío en que sí, o eso creeré. Es una putada, ¿sabes? Una gran putada consentir que el tiempo nos mate. Deberíamos matarle nosotros a él, ¿verdad? Deberíamos agarrarle bien fuerte, ahogarle hasta dejarle sin aliento y decirle: Eh, tú, deja ya de hacer llorar cada vez que te llevas a alguien contigo. Es egoísta, muy egoísta. Yo no sé si el tiempo existe o no, pero creo antes en él que en la muerte. Sí, porque el tiempo nos vuelve a conceder vida después de la vida. Por eso nunca me gusta malgastar ni un segundo, para aprovechar esta vida al máximo. No sé si ésta es mi primera vida, la segunda o la tercera. Pero lo que está claro es que cuando muera ya no volveré a ser quien soy, ni viviré esta vida, sino otra. Por eso siempre me olvido de la gente normal, para no ir deprisa, sin respirar y sin sentir. Ellos no saben inspirar los segundos hasta expandirlos por los poros de su piel y hacer que el vello se les erice. Yo sí sé. Y sé que eso es lo que realmente hace que cada día me sienta menos muerta por dentro. Yo quiero ser el tiempo. Mira el mar, ¿lo ves? ¿Puedes verlo? El mar sueña, late, siente. La luna siempre le hace soñar, nunca tiene pesadillas. Bueno, a veces creo que sí, cuando algo dentro suyo se mueve y hace que forme olas de tantos metros y mate a miles de personas. Nunca me han gustado los tsunamis. Los odio. Les tengo demasiado miedo, demasiado. Mis noches son tsunamis, Iván. Ya no me acuerdo de lo que es soñar.


Y hoy, mis noches son tsunamis de muy pocos metros, cada vez menos... y ahora puedo decir que sí recuerdo y sé lo que es soñar, a pesar de todo. Eso es bueno, ¿verdad, Iván?