Echo a correr cuando siento que ya no puedo más. Adoro las tardes de sonrisas y churros con chocolate. Odio que hablen del tiempo cuando no saben qué decir.
¿Y a ti? ¿Alguna vez te han rozado el alma con la yema de los dedos?
lunes, 10 de enero de 2011
Goodnight by the morning
Me he pasado toda la noche pensando en qué decirte cuando te vea, y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión, solución, o lo que sea. Y ahora me siento frustrada, ¿sabes? Te siento tanto y me encanta hacerlo... No sabes que no quiero estar contigo, pero es que ni si quiera yo lo sé. ¿Quién lo sabe? Sólo sé que odio quererte y quiero parar de hacerlo, quiero parar esto y empezar a ser yo, a tomar mis propias decisiones y no tener que contenerme de hacer algo que realmente quiero, como irme allí, o irme allá, o simplemente quedarme aquí, ¿sabes?, pero no poder hacerlo por miedo a hacer daño. Y que tú me lo hagas a mí. No quiero. Pero, ¿qué puedo hacer? Si cuando quiero parar esto se acerca tu sonrisa a mis labios y siento una punzada en el corazón y me arrepiento de querer parar esto y... ¡Dios! quiero y no quiero tantas cosas... Pero ¿qué puedo hacer? Se supone que así es el amor, ¿no? Oh, voy a volverme loca... Buenas noches a las 7:28 de la mañana.
martes, 28 de diciembre de 2010
Estás
Acaricio los retales de mis sueños y me acuerdo de ti, porque estás presente en cada uno de ellos.
Estás también en mis pesadillas, para darle un resquicio de luz a éstas.
Estás en las huellas que dejan mis pies caminando por la orilla del mar de nuestros recuerdos.
Estás en el siempre y en el jamás, en el ayer y el mañana también.
Estás en el café para dos, en las gotas de lluvia de este frío mes de febrero, en las páginas de los apuntes de literatura, en las letras de mi Alma mientras escribo, en las noches de insomnio y en las que albergo en algún bar, en las caricias que regala el viento a mi rostro, en la risa de los niños, en el brillo de las miradas de una pareja de ancianos, en el azul del cielo y del mar, en el silencio de las olas rotas contra las rocas, en las notas de una pieza de piano...
Estás...
Estás en mí, en mis labios, en mi pálida piel, en mis ojos, en mi cabello, en mi olor, en mi tacto, en mi oído, en mi corazón, en mis días, mis noches, mis amaneceres y mis atardeceres.
Estás hasta en mi muerte, la que no temo ni huyo.
Estás porque pienso en ti.
Cada instante.
Cada milésima de segundo.
Cada minuto.
Cada hora.
Cada día.
ESTÁS.
Estás también en mis pesadillas, para darle un resquicio de luz a éstas.
Estás en las huellas que dejan mis pies caminando por la orilla del mar de nuestros recuerdos.
Estás en el siempre y en el jamás, en el ayer y el mañana también.
Estás en el café para dos, en las gotas de lluvia de este frío mes de febrero, en las páginas de los apuntes de literatura, en las letras de mi Alma mientras escribo, en las noches de insomnio y en las que albergo en algún bar, en las caricias que regala el viento a mi rostro, en la risa de los niños, en el brillo de las miradas de una pareja de ancianos, en el azul del cielo y del mar, en el silencio de las olas rotas contra las rocas, en las notas de una pieza de piano...
Estás...
Estás en mí, en mis labios, en mi pálida piel, en mis ojos, en mi cabello, en mi olor, en mi tacto, en mi oído, en mi corazón, en mis días, mis noches, mis amaneceres y mis atardeceres.
Estás hasta en mi muerte, la que no temo ni huyo.
Estás porque pienso en ti.
Cada instante.
Cada milésima de segundo.
Cada minuto.
Cada hora.
Cada día.
ESTÁS.
martes, 30 de noviembre de 2010
Nunca más existimos
Recuerdo que me pre
guntó si aquí siempre hacía tanto frío. A ella siempre le había encantado sentir esa sensación, como cuando los dedos se te congelan y el aliento sale de la boca como humo y desaparece en el olvido.
Y aunque estuviéramos a tres grados bajo cero, me transmitía su calidez cada vez que su mirada se clavaba en la mía, como si dentro de cinco segundos no existíeramos ninguno de los dos.
Me dedicó una sonrisa y nunca más existimos.
guntó si aquí siempre hacía tanto frío. A ella siempre le había encantado sentir esa sensación, como cuando los dedos se te congelan y el aliento sale de la boca como humo y desaparece en el olvido.Estaba resplandeciente. Sus ojos eran de escarcha. Su nariz y pómulos rojizos a causa del frío contrastaban con su piel blanca.
Y aunque estuviéramos a tres grados bajo cero, me transmitía su calidez cada vez que su mirada se clavaba en la mía, como si dentro de cinco segundos no existíeramos ninguno de los dos.
Me dedicó una sonrisa y nunca más existimos.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Miedo
La chica de la mirada rota pasó a ser la chica que se perdió en su risa, pero tiene miedo de volver a ser la primera. No pasará, ¿verdad? No, por favor...
domingo, 21 de noviembre de 2010
He descubierto el poder de tenerte en un rincón de mi mente sin sentir nada hacia ti. El problema empieza cuando hablo de ti, cuando pienso en ti, cuando te recuerdo. No es amor, créeme. Pero se le parece.
domingo, 24 de octubre de 2010
Despertar
Los pies fríos, la nariz congelada. Mis labios cortados. Tu ausencia en mi cama. Los rayos de luz entrando a través de la ventana. Los grados bajo cero de la mañana que cubren de escarcha mi alma. Tu olor impregnado en mi ropa. El sonido de tu risa que baila rebotando entre las cuatro paredes de esta habitación. El brillo que desprendía el color de tus ojos guardado en un cajón pequeño de mi corazón. La imagen de tu mirada dando vueltas en mi cabeza. Las huellas de tus dedos y tus labios son ahora un flash-back erizándome la piel.
Suena de fondo Paul Mottram
viernes, 24 de septiembre de 2010
Holly y las fotografías
Holly deshizo la maleta. De ella sacó toda la ropa, zapatos, perfumes... Colocó cada cosa minuciosamente en el armario y en las estanterías de su nueva habitación. La habitación donde dormiría durante ocho meses de universidad.
Se perdió en el piso, repasando cada detalle de él, observando cada rincón de ese lugar. De su nuevo hogar, al que no lograría acostumbrarse tan fácilmente.
Ella sabía que su vida no había cambiado. Seguía todo igual en su interior, pero fuera todo era distinto, nuevo. Algo le conmovía. Estaba sola. No pasaron más de dos semanas cuando Holly rompió su cuerpo en lágrimas y gritos que jamás fueron escuchados. Aquella noche me contó que se sentía sola. En ese momento, y no entiendo por qué, se convirtió en alguien importante y especial en mi vida. Supe que nos haríamos buenas amigas. Vi selladas en ella todas y cada una de las marcas que la vida le había dejado y las cuales aún hoy intenta no sangrar.
La gente suele fotografiar momentos felices de su vida. Bodas, bautizos, cumpleaños, graduaciones, conciertos... Holly tiene en su armario una caja llamada “heridas que te enseñan a ser feliz” (aún me duele leer ese nombre cada vez que veo la caja en algún lugar del piso). En ella guarda un álbum de fotos en las que hay capturados momentos duros de su vida, como la soledad que siente cada noche cuando se pierde entre las sábanas, la nota de “hasta luego” que nunca volvió a ser luego que su madre le escribió, las postales de Barcelona que le enviaba a Javier y que él nunca respondió...
Ahora sé que Holly me necesita más que nunca, aunque todavía sea una extraña para mí, aunque no sepa decirle cuánto me gustaría abrazarla y que se sostuviera de mi mano.
Se perdió en el piso, repasando cada detalle de él, observando cada rincón de ese lugar. De su nuevo hogar, al que no lograría acostumbrarse tan fácilmente.
Ella sabía que su vida no había cambiado. Seguía todo igual en su interior, pero fuera todo era distinto, nuevo. Algo le conmovía. Estaba sola. No pasaron más de dos semanas cuando Holly rompió su cuerpo en lágrimas y gritos que jamás fueron escuchados. Aquella noche me contó que se sentía sola. En ese momento, y no entiendo por qué, se convirtió en alguien importante y especial en mi vida. Supe que nos haríamos buenas amigas. Vi selladas en ella todas y cada una de las marcas que la vida le había dejado y las cuales aún hoy intenta no sangrar.
La gente suele fotografiar momentos felices de su vida. Bodas, bautizos, cumpleaños, graduaciones, conciertos... Holly tiene en su armario una caja llamada “heridas que te enseñan a ser feliz” (aún me duele leer ese nombre cada vez que veo la caja en algún lugar del piso). En ella guarda un álbum de fotos en las que hay capturados momentos duros de su vida, como la soledad que siente cada noche cuando se pierde entre las sábanas, la nota de “hasta luego” que nunca volvió a ser luego que su madre le escribió, las postales de Barcelona que le enviaba a Javier y que él nunca respondió...
Ahora sé que Holly me necesita más que nunca, aunque todavía sea una extraña para mí, aunque no sepa decirle cuánto me gustaría abrazarla y que se sostuviera de mi mano.
He roto los cristales de mi alma.
He olvidado cómo llorar. No me salen las palabras. No sé qué hago. No sé si he tomado la decisión correcta. No sé a dónde voy, ni por qué estoy aquí. Tan sólo soy. Eso es algo, ¿verdad? Quiero decir... eso es bueno, ¿no? Sería mucho peor si me hubiera olvidado de ser yo. Soy, estoy, siento, vivo. ¿Podría pedir algo más?
He olvidado cómo llorar. No me salen las palabras. No sé qué hago. No sé si he tomado la decisión correcta. No sé a dónde voy, ni por qué estoy aquí. Tan sólo soy. Eso es algo, ¿verdad? Quiero decir... eso es bueno, ¿no? Sería mucho peor si me hubiera olvidado de ser yo. Soy, estoy, siento, vivo. ¿Podría pedir algo más?
viernes, 27 de agosto de 2010
Intento (no) estar contigo
Me dices te quiero, y te vas.
Me dices te quiero, y vuelves, y me engañas, me prometes, me besas y me arrancas el alma.
Me dices te quiero, pero sólo lo dices.
Me dices te quiero, y yo te creo, te amo, te adoro, te odio.
Me dices te quiero, pero me quieres porque soy débil, porque tienes el control sobre mí, porque cada vez que te odio y soy independiente vuelvo a ti, y entonces me odio a mí.
Me dices te quiero, pero sólo lo dices.
Entonces quiero sacarte de mi cabeza, de mi vida, de mi alma, de mi corazón, de mi piel, de mis días, de mis noches, de mis recuerdos, de todas las calles de esta ciudad, de mis decisiones, de mis lágrimas, de mis heridas, de mi sangre, de mis sonrisas, del frío, del tacto...
Pero me dices te quiero, y me va la vida en ello.
Me dices te quiero, y ya nunca más te creo.
(te odio)
domingo, 22 de agosto de 2010
-No dejes que me pase nada, ¿vale? -le pedí.
-¿Confías en mí? -parecía sorprendido.
-Sí.
-Eso es... una locura.
-No lo creo -no sabía de dónde salía esa seguridad, pero ahí estaba.
(Vivir y morir en Dallas de Charlaine Harris, capítulo 10, pg. 285)
-¿Confías en mí? -parecía sorprendido.
-Sí.
-Eso es... una locura.
-No lo creo -no sabía de dónde salía esa seguridad, pero ahí estaba.
(Vivir y morir en Dallas de Charlaine Harris, capítulo 10, pg. 285)
miércoles, 11 de agosto de 2010
¿Has estado ahí a las 4 de la mañana?
- Yo no puedo salir de casa a las cuatro de la mañana cuando estés mal y necesites un abrazo.
- No te he pedido que lo hagas.
- Ya...
- Yo lo haría por ti.
- Pero...
- Vale, joder, sé que tú no lo harías por mí. Lo sé, vivo con ello desde hace mucho tiempo.
- Es que... no lo entiendo. Creo que cuando no puedes dormir porque estás mal y necesitas un abrazo, lo mejor que se puede hacer es acostarse y a la mañana siguiente descubrir que ya ha pasado todo.
- No tienes ni idea. Cuando estás rota lo único que necesitas es volver a sentir, y una de las maneras de vovler a hacerlo es poder abrazar a alguien. ¿Te has sentido jodidamente sola, destrozada, pisada, vacía y muerta? ¿Tú has estado rota? ¿Sabes lo que significa eso?
- No...
Supe que había conocido mejor que nadie el dolor de mi existencia.
- No te he pedido que lo hagas.
- Ya...
- Yo lo haría por ti.
- Pero...
- Vale, joder, sé que tú no lo harías por mí. Lo sé, vivo con ello desde hace mucho tiempo.
- Es que... no lo entiendo. Creo que cuando no puedes dormir porque estás mal y necesitas un abrazo, lo mejor que se puede hacer es acostarse y a la mañana siguiente descubrir que ya ha pasado todo.
- No tienes ni idea. Cuando estás rota lo único que necesitas es volver a sentir, y una de las maneras de vovler a hacerlo es poder abrazar a alguien. ¿Te has sentido jodidamente sola, destrozada, pisada, vacía y muerta? ¿Tú has estado rota? ¿Sabes lo que significa eso?
- No...
Supe que había conocido mejor que nadie el dolor de mi existencia.
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