sábado, 26 de marzo de 2011

Directa al sol


Tal vez habría llorado si me hubiese quedado un segundo más sintiendo el frío dolor que enmudeció tu cuerpo. Así que eché la vista atrás y me marché. Al caminar sentía como si tuviese tu mano sobre mi hombro e intentaras gritarme al oído, preguntarme por qué todo había acabado. No sé, pero aquella sensación me estaba matando. No aguantaba más, me costaba respirar. "¿Y ahora qué hago?", me pregunté.

Sabía que ya nada volvería a ser igual: las mañanas con olor a pan tostado, los paseos y sonrisas que se quedaron en el boulevard, las tardes contando los aviones que dejaban surcos en el cielo, los besos al atardecer, las noches adormecida entre el calor de tu piel y el frío noviembre que se calaba en tus pies.

Pero es inútil volver a por ti, a por los sueños que quedaron escondidos entre la hierba del parque. Es como soplarle a la sopa fría. Creo que me hubiera sido más fácil ir directa al sol.

Paradojas

- Te odio
- Lo sé
- Y lo peor es que no sé cuándo dejaré de hacerlo, ni si podré...
- Nunca dejes de hacerlo

martes, 1 de marzo de 2011

Un segundo en tus labios fue suficiente para estremecer mi corazón y hacerlo rugir. ¿Cómo no pudo esto pasar antes?

lunes, 10 de enero de 2011

Echo a correr cuando siento que ya no puedo más. Adoro las tardes de sonrisas y churros con chocolate. Odio que hablen del tiempo cuando no saben qué decir.

Goodnight by the morning

Me he pasado toda la noche pensando en qué decirte cuando te vea, y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión, solución, o lo que sea. Y ahora me siento frustrada, ¿sabes? Te siento tanto y me encanta hacerlo... No sabes que no quiero estar contigo, pero es que ni si quiera yo lo sé. ¿Quién lo sabe? Sólo sé que odio quererte y quiero parar de hacerlo, quiero parar esto y empezar a ser yo, a tomar mis propias decisiones y no tener que contenerme de hacer algo que realmente quiero, como irme allí, o irme allá, o simplemente quedarme aquí, ¿sabes?, pero no poder hacerlo por miedo a hacer daño. Y que tú me lo hagas a mí. No quiero. Pero, ¿qué puedo hacer? Si cuando quiero parar esto se acerca tu sonrisa a mis labios y siento una punzada en el corazón y me arrepiento de querer parar esto y... ¡Dios! quiero y no quiero tantas cosas... Pero ¿qué puedo hacer? Se supone que así es el amor, ¿no? Oh, voy a volverme loca... Buenas noches a las 7:28 de la mañana.

martes, 28 de diciembre de 2010

Estás

Acaricio los retales de mis sueños y me acuerdo de ti, porque estás presente en cada uno de ellos.
Estás también en mis pesadillas, para darle un resquicio de luz a éstas.
Estás en las huellas que dejan mis pies caminando por la orilla del mar de nuestros recuerdos.
Estás en el siempre y en el jamás, en el ayer y el mañana también.
Estás en el café para dos, en las gotas de lluvia de este frío mes de febrero, en las páginas de los apuntes de literatura, en las letras de mi Alma mientras escribo, en las noches de insomnio y en las que albergo en algún bar, en las caricias que regala el viento a mi rostro, en la risa de los niños, en el brillo de las miradas de una pareja de ancianos, en el azul del cielo y del mar, en el silencio de las olas rotas contra las rocas, en las notas de una pieza de piano...
Estás...
Estás en mí, en mis labios, en mi pálida piel, en mis ojos, en mi cabello, en mi olor, en mi tacto, en mi oído, en mi corazón, en mis días, mis noches, mis amaneceres y mis atardeceres.
Estás hasta en mi muerte, la que no temo ni huyo.

Estás porque pienso en ti.
Cada instante.
Cada milésima de segundo.
Cada minuto.
Cada hora.
Cada día.

ESTÁS.

martes, 30 de noviembre de 2010

Nunca más existimos

Recuerdo que me preguntó si aquí siempre hacía tanto frío. A ella siempre le había encantado sentir esa sensación, como cuando los dedos se te congelan y el aliento sale de la boca como humo y desaparece en el olvido.

Estaba resplandeciente. Sus ojos eran de escarcha. Su nariz y pómulos rojizos a causa del frío contrastaban con su piel blanca.

Y aunque estuviéramos a tres grados bajo cero, me transmitía su calidez cada vez que su mirada se clavaba en la mía, como si dentro de cinco segundos no existíeramos ninguno de los dos.

Me dedicó una sonrisa y nunca más existimos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Miedo

La chica de la mirada rota pasó a ser la chica que se perdió en su risa, pero tiene miedo de volver a ser la primera. No pasará, ¿verdad? No, por favor...

domingo, 21 de noviembre de 2010

He descubierto el poder de tenerte en un rincón de mi mente sin sentir nada hacia ti. El problema empieza cuando hablo de ti, cuando pienso en ti, cuando te recuerdo. No es amor, créeme. Pero se le parece.

domingo, 24 de octubre de 2010

Despertar

Los pies fríos, la nariz congelada. Mis labios cortados. Tu ausencia en mi cama. Los rayos de luz entrando a través de la ventana. Los grados bajo cero de la mañana que cubren de escarcha mi alma. Tu olor impregnado en mi ropa. El sonido de tu risa que baila rebotando entre las cuatro paredes de esta habitación. El brillo que desprendía el color de tus ojos guardado en un cajón pequeño de mi corazón. La imagen de tu mirada dando vueltas en mi cabeza. Las huellas de tus dedos y tus labios son ahora un flash-back erizándome la piel.


Suena de fondo Paul Mottram

viernes, 24 de septiembre de 2010

Holly y las fotografías

Holly deshizo la maleta. De ella sacó toda la ropa, zapatos, perfumes... Colocó cada cosa minuciosamente en el armario y en las estanterías de su nueva habitación. La habitación donde dormiría durante ocho meses de universidad.

Se perdió en el piso, repasando cada detalle de él, observando cada rincón de ese lugar. De su nuevo hogar, al que no lograría acostumbrarse tan fácilmente.
Ella sabía que su vida no había cambiado. Seguía todo igual en su interior, pero fuera todo era distinto, nuevo. Algo le conmovía. Estaba sola. No pasaron más de dos semanas cuando Holly rompió su cuerpo en lágrimas y gritos que jamás fueron escuchados. Aquella noche me contó que se sentía sola. En ese momento, y no entiendo por qué, se convirtió en alguien importante y especial en mi vida. Supe que nos haríamos buenas amigas. Vi selladas en ella todas y cada una de las marcas que la vida le había dejado y las cuales aún hoy intenta no sangrar.

La gente suele fotografiar momentos felices de su vida. Bodas, bautizos, cumpleaños, graduaciones, conciertos... Holly tiene en su armario una caja llamada “heridas que te enseñan a ser feliz” (aún me duele leer ese nombre cada vez que veo la caja en algún lugar del piso). En ella guarda un álbum de fotos en las que hay capturados momentos duros de su vida, como la soledad que siente cada noche cuando se pierde entre las sábanas, la nota de “hasta luego” que nunca volvió a ser luego que su madre le escribió, las postales de Barcelona que le enviaba a Javier y que él nunca respondió...

Ahora sé que Holly me necesita más que nunca, aunque todavía sea una extraña para mí, aunque no sepa decirle cuánto me gustaría abrazarla y que se sostuviera de mi mano.
He roto los cristales de mi alma.

He olvidado cómo llorar. No me salen las palabras. No sé qué hago. No sé si he tomado la decisión correcta. No sé a dónde voy, ni por qué estoy aquí. Tan sólo soy. Eso es algo, ¿verdad? Quiero decir... eso es bueno, ¿no? Sería mucho peor si me hubiera olvidado de ser yo. Soy, estoy, siento, vivo. ¿Podría pedir algo más?